Monday, June 1, 2009

historias de familia

Pasada ya la euforia de la entrada anterior (muchos comentarios, gracias!!), voy a escribir algo diferente: historias de mi familia. 
Mi mamá iba de camino a ser monja, pero su mamá se murió y le tocó volver a la casa a encargarse de los hermanitos, que eran 10. Encargarse de una familia cuando tenés 18 años debió ser complicadísimo, mi mamá se las arregló para estudiar piano en el conservatorio y ser ama de casa y casi mamá de un montón de gente. Mi mamá le ha dedicado la vida entera a su piano, es lo que más quiere y lo que más disfruta, es una zanahoria, no bebe (se toma una copita de vino y siente que una mano le
 coge el cerebro, sólo una vez se emborrachó con champaña porque estaba mal con mi papá), no fuma (nunca lo ha hecho), hace ejercicio todos los días y come sano. Es diciplinada como un general alemán, tanto que de adolescente le decíamos Hildegard (que es un nombre alemán pero también el nombre de una monja del siglo XII, Hildegard de Bingen, pero no me voy a extender en eso), esto creo que lo escribí antes, y lo he contado millones de veces pero ahí va: Nuestra infancia estuvo llena de rutinas, 5 am montar en bici, llegar bañarnos, desayuno (siempre pancakes), clase de piano cada uno (yo estuve en clase de violín, Santiago no), caminando al paradero del bus las capitales del mundo y las tablas de multiplicar y esperando el bus la lectura de un libro. Por la noche siempre hacer tareas con ella. Estuvimos en todas las clases posibles, patinaje artístico, teatro, cerámica, inglés, ballet, gimnasia olímpica, karate.
 Cuando mi mamá empezó en la universidad nos contrató una chica que venía y nos ponía a pintar. Mejor mamá no pudo ser. 
Mi papá era un muchacho comunista, que el Partido había mandado a Bulgaria a estudiar, cinco años menor y se enloqueció con ella, mi mamá no quería y que no y este man insistente la convenció. Los del partido se burlaban de él diciéndole que se había conseguido una pianista burguesa, nada más alejado de la realidad, mi mama parecía burguesa pero no lo era y como es miope no veía nada, además es muy muy distraída y por eso no saludaba (a veces me la encuentro en la calle y no me ve, me toca pararme enfrente). 
Mi papá como buen comunista e intelectual era un borracho, pero un borracho maluco, se ponía violento y vivir con él era difícil. Mi mamá intentó que se metieran a terapia de pareja pero mi papa se emborrachaba con el siquiatra y así no prospera nada. También era muy atractivo y las viejas se le tiraban y mi papá no era de los que dicen que no. Que esto no suene a que mi papá no era buen tipo, era un buen tipo, inteligente y chistosísimo, pero era un muy mal marido para mi mamá. A mi me parece que era incompatibilidad de caracteres. Se separaron cuando mi hermanito y yo éramos muy chiquitos, como 4 y 5 años, pero no nos dimos cuenta, fui un divorcio smooth, nunca hubo peleas, ni shows, nunca nos sentimos culpables (muchos niños dicen eso). Y veíamos a mi papá con mucha frecuencia. 
Vivíamos en Bogotá y un día mi mamá dijo, bueno nos vamos pa Medellín, cogió su piano, sus dos niños y nos vinimos a Medellín. Fue la única vez que vi llorar a mi papá, cuando fue a despedirnos. 
Mientras mi papá vivió allá y nosotros acá, tuvimos una relación epistolar fantástica (guardamos muchas), le escribíamos cartas (sugerencia de mi mamá: compró esquelas de hello kitty, betsy clark) todas las semanas y el nos respondía unas cartas eternas larguísimas de leer, cuando teníamos tareas del colegio (sobre todo sociales, filosofía, etc) le pedíamos que nos escribiera y esas cartas eran aún más largas y manuscritas lo que hacía aún más difícil leerlas, pero eran de mi papá (que es, era y va a seguir siendo lo más grande de este mundo), lo llamábamos y en vacaciones nos íbamos a su casa. 
Las primeras vacaciones que fuimos ya vivía con Sonia, en una entrada anterior comenté este pedacito de la historia: el plan de tirarla por la ventana. Sonia fue muy querida con nosotros, muchísimo, siempre había regalos, la comida que queríamos, un cuarto con nuestras cosas, cobijas de plumas y hasta una piel de vicuña en la que nos encantaba acostarnos (todo esto fue idea de ella). Nunca, ni a mi mamá, ni a nosotros, se nos ocurrió que ella iba a reemplazar a mi mamá (no creo que los papás puedan ser reemplazados, los amores son completamente diferentes). Y no creo que esa fuera su intención. Ella amaba con locura a mi papá (lo mantuvo durante su decadencia, que fueron muchos años) y por extensión a nosotros. 
Mi relación con ella cuando llegué a la adolescencia no fue fácil, empecé a competir con ella por el amor de mi papá y mi papá que era inteligente y todo nunca supo qué hacer y ella tampoco. Fue incómoda y cuando se vinieron a vivir a Medellin, porque la salud de mi papá no aguantaba la altura de Bogotá, se llevaron a mi hermanito a vivir con ellos. La salud de mi papá no mejoraba y lo mejor que podían hacer era un transplante de corazón. Sonia dice que la línea de la vida, en la mano, se le alargó, ¿quien sabe? sólo duró seis meses más porque mi papá necesitaba no sólo cambio de motor sino de tuberías y de todo, el cuerpo no le aguantó y le dio un infarto cerebral el día antes de que yo presentara el ICFES a las 12 de la noche (pero fui y lo presenté y le hablé y le dije que me ayudara porque no podía ni pensar y salí rapidísimo de todas las pruebas y no me fue tan mal: 322). 
Después de que mi papá se muriera Sonia siguió en nuestras vidas y como el muerto al hoyo, pues nuestra relación cada vez fue mucho mejor. Yo tuve un problemilla médico y Sonia puso la mitad de la plata con mi mamá, me invitó a un paseo a Cuba y en vacaciones o cuando había rock al parque yo iba y me quedaba en su casa. Con Santiago, mi hermanito, ha sido mas o menos igual. 
Mi mamá todo lo ha hecho bien, pa' que, a pesar de lo borracho y mal marido que pudiera ser mi papá, que nunca puso un peso para nada (vacaciones, tal vez), mi mamá nunca, jamás, habló mal de él, por lo menos, no delante de nosotros. Y mucho menos de Sonia que no era perita en dulce tampoco. Ahora veo a amigas mías diciéndole a sus hijos que el papá es un malparido. Hombre, dejate que, si es verdad, lo descubren ellos solos. Le agradezco eso a mi mamá, poner a los papas al nivel de humanos (porque en principio son dioses) es un trabajo que uno tiene que hacer solo, sin la ayuda de nadie. Descubrir lo hijueputas, o cretinos, o bobos, o lo que sea, es algo que uno tiene que hacer, pero no tiene por qué descubrirlo por palabras de otros. 
A mí me habría encantado vivir en la misma ciudad de mi papá, poder jugar con él, que nos leyera todas las noches como lo hacía cuando íbamos de vacaciones, burlarnos de lo torpe que era con la tecnología (si mi papá estaba cerca, ningún cajero electrónico funcionaba), inventarnos recetas para el desayuno y que nos hiciera sanduches negritos y blanquitos con la sanduchera más bacana: redonda, entrar a su estudio a robarnos monedas y a descubrir todos los tesoros que había allá, libros en todas partes, montoncitos en varias partes del cuarto, albumes de numismática (había una monedita en especial que me fascinaba, de 1/4 de centavo de 1876 de Colombia, era, es, porque la tengo, chiquitica y delgadita) y filatelia (tenía estampillas de todas partes, unas de países árabes que no sabían en qué gastarse la plata que eran hermosas), las persianas siempre cerradas, el olor a cigarrillo con cera de pisos (del que ya hablé antes también, se me están acabando los temas). 
Mi mamá se queja mucho de lo parecidos que somos a mi papá, yo le digo que si ese fue el hombre que escogió pues se fregó: a los genes no los para nada ni nadie. En todo caso, mi mamá pudo prohibirle a mi papá vernos y en el intento hacer creer que le hacía daño a él, cuando en realidad los perjudicados habríamos sido nosotros. Ahora con todo en perspectiva, creo que las cosas salieron bien como estuvieron (bueno, menos que mi papá ya no esté)

13 smooches:

Ángela Cuartas said...

Se me aguó el ojo. Extraño a mi papá. Pero como hablaste de sanducheras, me acordé de que la mamá de una amiga todas las mañanas cuando le hacía el sándwich para la lonchera hacía lo siguiente: lo envolvía en una chuspa (bola plástica), lo ponía entre dos sillas rimax de esas que tienen cuadraditos huecos en la parte donde uno se sienta y se sentaba sobre las dos sillas para lograr el efecto del sándwich tipo wafflera. Les parecía más elegante.

maggie mae said...

jajaja, qué camello hacer eso!
en medellín también decimos chuspa.
La de mi papá era redonda para poner en el fogón y de un solo puesto. le quedaban deliciosísimos.
también nos inventábamos diferentes recetas de huevo, una de esas fue el huevo rabo que tenía montones de orégano y laurel y quedaba verde. creo que sólo lo hicimos dos veces. O a veces por pereza solo comíamos confleis (que era como mi papá decía corn flakes y nosotros nos moríamos de risa).

David E. Guzmán said...

¡Ja!, me imagino a la Gomita todo pequeño comiendo confleis... qué risa... Me gustó mucho la entrada, como mi historia es muy parecida, me identifiqué con mucha cosa... bueno, lo que iba a contar era que mi papá un día se puso a hacer una torta, yo tenía como 10 años y le ayudé, entonces me decía: más leche, y después: no, más harina, más leche, más pasas, más harina, más leche... al final salió una torta durísima que bautizamos por humor "Torta Llanera"... el producto estaba de botar, pero eso fue un domingo y me acuerdo que me fui pa' fútbol con unos primos y allá nos comimos la tortica hasta con gusto, ¡con el hambre que hace cuando uno va al estadio!... Y sí, yo también sostengo que mi papá es lo más grande de este mundo.

CarolinaVK said...

Tan bonito, sobre todo el final.

Yo extraño a mi mamá, pero cada vez me acuerdo menos de ella y de su familia y de las vaciones que pasábamos con esa gente que ya ni me reconocería en la calle.

Mi memoria es pésima y me da pesar porque no voy a tener historias para contar cuando sea viejita. Y mi mamá era una buena persona y se merece que alguien se acuerde más de ella. Vamos a ver qué hago.

Gracias por esta entrada.

Carolina Andújar said...

¡Ayyyyyy, qué divina con el violín! No. no. no, vos sos demasiado linda.

Qué de buenas que te haya tocado una Sonia y no una Gertudis (madrastra mala)... y qué bonito que tu mamá nunca les haya hablado mal de tu papá, se nota que "Hilde" es muy noble. A mí me parece que hay cosas muchísimo peores que el alcoholismo. De hecho, conozco varios alcohólicos que son buenos como el pan (y, curiosamente, sobre todo con sus hijos). Pensar que hay abstemios que producen cáncer sólo con estar presentes.

Babe, me encanta cuando escribís de tu infancia y de tu vida.

Anonymous said...

Bellísima entrada Maggie, ojalá te animés y escribás una novela. A propósito muchos ecos de tu historia me hicieron recordar Todo Pasa Pronto, la excelente novela de Juan David Correa que en su momento dividió opiniones, entre los que les gustó están JG Vásquez y Afanador y entre quienes no les gustó están Camilo Jiménez y otros buenos lectores que conozco. Yo creo que a vos te va a encantar y a conmover, por si no la has leído. Un saludo y animate con la(s) novelas.

Ángela Cuartas said...

Yo estoy de acuerdo con Lucaz, Margarita. No sé que debás hacer con eso, pero a mí me impresionó que la entrada (y el blog) no me dejó parar. Generalmente cuando gente desconocida escribe este tipo de entradas largas y personales, yo las dejo a la mitad sintiendo aburrimiento y que en realidad me importa cinco la vida de esa persona. Pero leerte a vos es muy bacano. Es como si en cada párrafo hubiera un gancho que lo ancla a uno para seguir al próximo. Y no es el tema, no es que contés cosas extraordinarias ni que despierten el voyerista o morboso que es uno, no sé qué es, pero es del putas.

maggie mae said...

Rule: jajajaja, me sigue pareciendo charrísimo que le digan Gomita a Santi. y miralo en la foto del piano, así mismo comiendo confleis.
CarolinaVK: ¿tu mamá se murió cuando era chiquita? porque el mio se murió cuando tenía 17, entonces tuve tiempo de guardar recuerdos, además tengo memoria de elefanta (recuerdo cosas absurdas, qué pesar que uno no pueda hacer delete o save). Intentá escribir de lo que te acordés, la memoria es engañosa y a veces necesita empujoncitos.
Caro: ese fue mi primer concierto de violín en la Universidad de los Andes donde mi mamá hacía los conciertos de los alumnos. y me colaron, pa concierto de piano y de violín.
Lucaz: lo de una novela, mmmm, muy difícil. No creo que me de para tanto, pero gracias por los ánimos. y tendré que conseguir esa novela.
Angela: gracias, muchas gracias.

Apelaez said...

A mi tambien me gustó y no voy a repetir lo de Angela así que me adhiero. Las comparaciones son odiosas y por eso me gustan, ud, por ejemplo, es mejor que doña margarita posada, su tocaya malvada.

Johan Bush Walls said...

Qué bonita entrada maestra Maggie; lo que sucede cuando se cuentan vivencias personales es que uno las escribe por necesidad de expresar algo, son cosas que se han interiorizado, entonces logran trasmitir el sentimiendo de quien las escribió.

Salú pue.

CarolinaVK said...

Mi mamá se murió cuado yo tenía 15 años, por eso es que me parece tan raro no acordarme de nada... bueno, no es que no me acuerde de naaada, pero algo debe haber ahí jodiendo el flujo de recuerdos.
Voy a escribir a ver qué sale. Yo les cuento.
Sigue escribiendo tú que es bien bonito venir por aca y ver este tipo de cosas.

S E B A S T I A N G O M E Z said...

Ay, yo conocí ese apartamento de Bogotá.
Muy chévere y silencioso. Recuerdo que los que estabamos cantamos una canción de Orishas.

Yo soy Escribidor said...

Me encantó leerte en esta entrada. Seguiré leyendo más y más.