los que vienen por aquí saben que estoy dando unas clases los sábados a las 6:00 a.m., que acepté porque definitivamente no me sale nada más (a pesar de que he mandado mi hoja de vida y que quienes me quieren cuando me ven me dicen, ve, tengo una cosita por ahí para vos, pero nada sale nunca).
Desde lo del dress code, intenté renunciar les dije que o trabajaba de tenis o no trabajaba, me dijeron que no, que como se me ocurría, que me patrocinaban unos zapato-teni (para que estuviera contenta), que los estudiantes me querían y que tenía potencial (?).
El fin de semana pasado para poder irme para Bogotá de paseo, dije que tenía una investigación, que tendría que irme una semana entera, entonces que mejor me consiguieran un reemplazo porque no podía seguir, el señor este me dijo, y ¿es sólo una clase?, sip, ah no, entonces te consigo reemplazo y volvés.
Volví hoy a una reunión y el señor este me dice, que nunca había visto unos estudiantes más entusiastas que los míos, que me va a dar más cursos (en cuanto salgan mas cursos, por supuesto) y yo no quiero, aunque sí necesito la plata.
La señora esta, su esposa, me mira con afecto y espera mi aprobación cuando dice algo, yo digo groserías, me salgo a fumar sin pedir permiso, no me he puesto ni una vez unos zapatos de tacón y menos de forma interesante (unos converse nunca podran tener forma interesante), hablo duro, hoy los regañé porque me mostraron una carta con errores (habían imprimido como 50 copias). Nunca había tenido tan poco éxito en conseguir que alguien me odie, mi mamá dice que soy fácil de odiar.
Friday, March 20, 2009
al que no quiere caldo
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Monday, March 16, 2009
la capital
Nací en Bogotá y tengo uno recuerdos lindos de infancia, la casa de Palermo con sus maceticas con babosas (que nunca volví a ver, ¿se extinguieron?), unos sofas inmensos con cojines rojos, el piano de mi mamá, un cuarto grande en el que dormíamos Santiago y yo y en el que teníamos una pared completa para dibujar y millones de juguetes para jugar con los alumnos de mi mamá, el colegio Refous y sus concursos de cometas, los domingos con mi papá y mi mamá juntos (se separaron cuando estábamos muy chiquitos), el Señor Murcia, el barbero como los de antes, peinado como Gaitán y con una batica blanca inmaculada que nos quería mucho y nosotros a el, recuerdo salir corriendo sólo para ir a saludarlo (no nos daba nada, ni dulces ni nada, era amor del puro), el apartamento de mi papa en el centro con un olor característico de cigarrillo y cera que me sigue pareciendo delicioso. Esta es la única vez que he ido y no he hecho el paseo que hacíamos mi hermanito y yo en vacaciones: caminar desde la tercera con 24 hasta la 19, bajar por la 19 hasta la décima, ir a los centros comerciales de rockeros a antojarnos para que mi papá luego fuera a comprarnos un cassette que nos gustara, subir a la séptima, caminar por la séptima hasta la 24 y volver a subir; a veces era en la otra dirección, pero no podíamos alejarnos mucho, tendríamos 12 o 13. Y el centro de Bogotá no era (y no es) seguro para nadie.
Después de que mi papá se murió volví varias veces y siempre sentí que esa no era una ciudad para nadie, como una cosa amorfa a la que nadie quería, gris, intimidante, pobre y llena de gente que no sonríe. Aunque salí muchas veces del centro, no van a creer, el centro era como mi centro de actividades, y la verdad no disfruto mucho lo grisáceo de los centros de las ciudades colombianas.
Cuando me gradúe de la universidad, la que fue esposa de mi papá, su viuda, me dijo que si quería irme a vivir a Bogotá era más que bienvenida y ella me daba un apartamento para vivir, le dije que listo, fui y sentí que no iba a ser capaz de quedarme allá y me devolví para una ciudad no menos caótica, pero si con sol solecito y donde la gente, hasta para atracar, sonríe.
La última vez que estuve en Bogotá fue Rock al Parque 2005, estuve solo con paisas y sólo salimos del hotel de fiesta y a los conciertos. No ví la ciudad caminada, como debe ser, porque íbamos a todas partes en una van y sólo estuve con los que tocaron en los conciertos.
Bueno, este fin de semana estuve en Bogotá y estuve de suerte: no llovió (y eso que llevé mi paragüitas hermoso), caminé sola y ni una vez me sentí insegura, como me sentí antes. Bueno, no estuve en el centro. Transmilenio, a pesar del desorden, de ver que se está cayendo, que los muchachitos de los colegios se meten por las plataformas sin pagar, me pareció decente, aunque un señor con el que hablé me dijo que en hora pico era una cosa horrible y después otras personas lo confirmaron.
Lo otro, que mi papá decía, mis tíos y casi todo el mundo, es que se supone que uno no debe hablar en los taxis porque o le dan en la cabeza o le dan en la cabeza: le cobran más o le dan vueltas por lugares que uno no conoce para cobrarle más. A mi me pareció que era lo contrario, descubrí que a una paisa que sonríe le va bien (bueno, fue solo un fin de semana), los rolos no sonríen (a veces sí) pero responden bien a los buenos tratos. Eso fue un buen descubrimiento. También ahora sonrío mucho más, de adolescente y en los early twenties fue medio punketa y nunca se me ocurrió que si uno sonríe la vida es más fácil, sobre todo la vida diaria (vecinos, tenderos, meseros, porteros, etc.)
Entonces, niños, la lección de hoy es: sonreír. Terminé como una profe, pero queliace.
ah, otra cosssita: mi acento, siempre había ido acompañada de alguien de por aquí, de la montaña entonces no me daba cuenta de lo paisa que hablo. Me sentí como en La Casa de las Dos Palmas.
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maggie mae
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Friday, March 6, 2009
el paquete argentino
ayer salí, me tomé unos margaritas y conocí a un argentino, todos mis amigos se fueron yendo y al final quedé con el argentino que les dijo a mis amigos que era un cabashero y que el me llevaba a mi casa. Cuando ya nos quedamos solos me dijo, vení, salgamos, sho quiero conocerte mejor. Ahí todo empezó a parecerme sospechoso, pero me dije, aj, que va, de pronto sólo quiere hablar.
Estábamos hablando de mi, porque preguntaba y preguntaba, cuando dice abrazáme, bueh, lo abracé y era de esos abrazos que no se acaban nunca, y me dice, ¿no sentís la química, vos? y yo no sentía ni forro. Cuando logré salirme de esos brazos que parecían como 10, me dijo, voy a ser sincero, voj me gujtás, ¿sho a vos no?
Desde que me separé me inventé un novio, que si existe, pero no es mi novio y vive en otra ciudad, eso hace más fácil la mentira. Entonces, hablé y hablé del novio como para sacármelo de encima, pero es de esos tipos insistentes, mirá, me decía, si el tipo vive en otra ciudad, entonces no tenéj novio.
A los 15 minutos de estar solos le dije, mirá me quiero ir, NOOOO pero como nos vamoj a ir si recién te ejtoy conociendo, che. Eran las tres de la mañana, me estaba cayendo de sueño borracho y este hombre insistía, me cogía la mano, me abrazaba y repetía, sho si siento química con voj, soj una nena copada, soj grande, soj lo que necesito. Mirá, tengo empresa, tengo apartamento, tengo todo, faltáj voj. AHHHHHHHHHH, por dios!!! ese hombre se había metido no sé cuantos whiskies (sabrá mirús qué otras cositas) para estar diciendo semejantes estupideces a una vieja que acababa de conocer.
El muy cabasherito me trajo a mi casa, en taxi en un desvío innecesario, en el taxi, insistía, voj me gujtáj, ¿no hacemos el intento, vos y sho? qué pensás. Mirá, por enésima vez te repito, querido, estoy enamorada, que el man viva en otra ciudad no quiere decir que no exista, intenté decirlo con vehemencia para que entendiera, pero no había caso. Cuando por fin me bajé del taxi, salí volada para evitar besos esquiniados que me parece lo más inmundo y poco sexy del mundo cuando el sentimiento no es mutuo y este hombre se baja del carro gritando, soj copada, mañana te shamo!!
Caminé rapidito y apretaito, como camino yo, para que no me alcanzara. Ojalá no llame, por favor, que no llame.
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