Alguien me escribió diciendo que seguía mi blog como a una novela, es chistoso, no creo que haya tanto aquí como para intrigar a nadie y menos de una vida como la mía, pero bueno. supongo que debo agradecer a quien me lo dijo y seguir con otra de mis historias.
Novio tiene dos hijas de 8 años (y no, no son mellizas), yo había conocido a una y fue fantástico nos entendimos muy bien, es charra, querida, de carácter suave y muy inteligente. Ahora me tocaba conocer a la segunda, yo iba un poquito asustada, pensando que tal vez no le caería bien y me odiaría por ser la novia del papá. Cuando yo tenía 8 años mi mamá nos contó que mi papá vivía con otra señora, que viajaríamos a conocer. Santiago y yo nos miramos y yo dije, cuando estemos con ella y esté limpiando una ventana la tiramos. Eso fue en lo único que pensé ahora que iba a conocer a la segunda niña. Cuando conocí a la primera fue una emboscada, yo iba a estar con el unos días, por primera vez, y cuando llegué me dijo vamos a recoger a mi hija, cuando estuvimos los tres juntos le dijo a la niña: mira, esta es tu madrastra (horrorosa palabra que me recuerda a las brujas de los cuentos infantiles). A mi casi me da un infarto fulminante, la niña no hizo caras y eso salió muy bien.
Para conocer a la segunda, ya iba avisada, y guerra avisada también mata soldado. Así que iba con mi mejor sonrisa y ya le había mandado un miniregalito, el primer día ni me miró ni me habló, o bueno, sí me miraba cuando yo no estaba mirando y cuando yo volteaba, ella miraba hacia abajo, como examinándome. Comprensible.
Al segundo día, Novio tenía que ir a trabajar y le dio dos opciones: te vas para donde mi prima o te quedas con Margarita y salen por ahí a comer. Decidió irse conmigo.
Ibamos para un restaurante al que una vez había ido y no sabía como llegar, nos dieron indicaciones y cogimos un taxi, cuando vi que el taxista iba como muy lejos, le dije, no no no señor dejenos aquí que nosotros caminamos, ella iba más preocupada por el hecho de que teníamos sólo cinco mil y ya íbamos en cuatro mil y pico, y caminamos un rato hasta que lo encontramos. Pedimos lo mismo, un sánduche: de pernil, con salsa de ciruela, tomate y lechuga. Yo lo pedí sin lechuga y ella hizo lo mismo. Cuando llegaron los sánduches, decidió que no quería el tomate tampoco, entonces a sacar el tomatico. Después de dos mordiscos tampoco le gustó la salsa de ciruela y la empezó a limpiar con la servilleta, corrí a quitarla con un cuchillo. Al final sólo quedó carne y pan. Se lo comió todo. Eran las tres casi y no habíamos comido nada en todo el día.
Luego fuimos a comer heladito y a caminar un rato mientras Novio y la hermanita aparecían. Cuando llegaron ya éramos buenas amigas. La otra hermanita se alegró mucho de verme, me abrazó y todo y casi casi cuajo lágrima.
Fueron casi cuatro días en la casa, no salimos, solo tiramos casita, vimos peliculas, les tomé fotos, ellas se disfrazaron con mi ropa, se pusieran mis aretas, mis gafas, se maquillaran con mis cosas, en fin, muy divertido. Novio y yo cocinamos y estuvimos con ellas casi todo el tiempo. Hicimos una minipelícula de ellas como payasas, papá como borracho y yo como la viuda alegre del borracho. Nos morimos de la risa esos días.
Novio vive con otra pareja que tiene una niña, una niña que grita mami todo el día, en uno de esos gritos yo pensé que era una de las niñas y ya iba a salir corriendo a preguntár qué había pasado, cuando paré en seco y caí en la cuenta de que no soy mami, que no tengo hijos y que no tendría por qué responder a ese apelativo. Creo que me tomé muy a pecho mi papel esos días. Lo he pensado mucho: yo no quiero tener hijos propios, de mi panza, no, pero estas de Novio me gustan mucho, me caen bien y me divierten y me sacaron el mami que llevo dentro.
la foto es de una telenovela. Lo sé porque es Victoria Ruffo, conocídima por producciones como La Fiera (importantísima telenovela de mi infancia)