Sunday, January 31, 2010

Líbranos de volver a leerte

Empecé este libro por la insistencia de mi mamá y mi tía, según ellas una radiografía del Cesar, bien escrita y muy entretenida. Y lo empecé, sin mucha convicción porque cuando a uno le recomiendan algo mucho, pues…

Alonso Sánchez Baute es un abogado y escritor del Cesar. En el año 2002 obtuvo el Premio Nacional de Novela Ciudad de Bogotá con la novela Al diablo la maldita primavera. El Escritor dejó su natal Valledupar cuando tenía 16 años para estudiar y nunca volvió, con este libro el autor quiso contar la historia de su ciudad, del Cesar y de dos personajes, para la opinión pública, malditos: Simón Trinidad (Ricardo Palmera Pineda), el guerrillero y Jorge Cuarenta (Rodrigo Tovar Pupo) el paramilitar.

Los personajes son el pretexto para contar la historia de la región, o ¿es al revés? La historia casi siempre la cuenta doña Josefina Palmera, con casi cien años, y una estupenda memoria, conoce los inicios de la región, de cómo se inventaron un departamento, del auge algodonero, conoce sus gentes, hace parte de la clase alta del Valle y da cátedra sobre economía, política y sociología, el personaje es inverosímil, uno no puede creer que haya alguien así. Nunca queda claro si él se la inventó o la señora si existe. Uno nunca sabe si esto es una novela o una crónica.

Al principio uno se pierde: menciona y menciona nombres y uno no sabe quiénes son, hay que ser nativo para saberlo. Después también sigue uno perdido, el libro tiene tantos elementos que uno no logra cogerla del todo. Por un lado está la historia de la región, por otro, la de las familias (no sólo de los personajes en cuestión sino de toda la red de familias) contada no sólo por la señora que mencioné sino por amigos y familiares y ex novias y hasta empleadas del servicio. Por otro, la historia de los personajes y por último la del autor. Esto último carga y carga mucho: "El encuentro ocurrió en mi apartamento bogotano, desde donde se aprecian el verde y el rojo de los cerros orientales" (p. 172) o "Andrés es mi amigo de vieja data. Nos conocimos en Londres (exactamente en el flat No. 5 de la Priory Road, en West Hampstead) cuando el…" (p. 250), cosas como estas se repiten en todo el libro, y a parte de no tener nada que ver con el libro, le dan a uno la impresión de que el autor quiere dar a entender que tiene platica, lo cual poco importa. Otra cosa que el autor menciona todo el tiempo es su homosexualidad, por un lado muestra que en Valledupar son homofóbicos y por eso nunca más quiso volver. Pero creo que también tiene un problema con su homosexualidad y usó el libro para sacarse la espinita: eso no tiene nada que ver con Jorge Cuarenta o con Simón Trinidad, ni con la Historia del Cesar.

Creo que mientras escribía y dándose cuenta de que las cosas no iban en orden y que el lector se confundiría dice: "Pero no caigamos en la trampa de la dispersión" y más adelante "Pero es mejor no hablar con tanto desorden y contar la tragedia desde el principio" (p. 253). Al libro le falto editor, o un lector amigo que le dijera que se estaba dispersando.

Hay otras cosas que hace el autor que no me gustaron, una serie de referencias cinematográficas desafortunadas: "o, digámoslo como lo dijo Al Pacino en esta película cuyo nombre olvido: si tienes el dinero, tienes el poder" (p. 156) o "que fue lo mismo que dijo con otras palabras Manny Rivera en Scarface: hijo de gato caza ratones" (p. 80) o "no me busco problemas con nadie, habría dicho con elegancia Rick en Casablanca" (p. 276) o "Esas silenciosas Fuerzas del Mal disfrazadas como Fuerzas del Bien son las mismas que menciona Kevin Spacey en los sospechosos de siempre cuando advierte que el mejor truco del diablo es convencer a todo el mundo que él no existe" (p. 214). También pone tres y cuatro adjetivos sinónimos juntos: "Súpito. Muerto. Noqueado. Atontado" (p. 263); "el muchachito invadió este mundo envuelto en el cordón umbilical. Morado, azulino, violáceo, lívido" (p. 58); "luego de su administración la ciudad luce cariada, desvencijada, avejentada" (p. 62). Hombre para qué tanto adjetivo junto. (si alguien recuerda la copia por triplicado).

No pude terminar este libro. Me parece un libro mal escrito y deja claro que el autor es un investigador muy desordenado y que escribió para sus amigos y no para un público más amplio. Las razones para vincular estos dos personajes, aparte de cosas obvias como que son de la misma ciudad, se vuelven cada vez más absurdas al buscar parecidos como que ambos estuvieron en la milicia, que ambos tuvieron problemas en las rodillas, etc.

Finalmente, el personaje de la señora (o la señora) hace aseveraciones que hacen que se le paren a uno los pelitos: "La violencia anida en nuestro corazón porque es la única manera que conocemos de hacernos respetar. La violencia es nuestro orgullo, nuestra dignidad, nuestra identidad: es ser avispado, es no dejarse mangonear" y "No pocos en el pueblo se identificaron con Cuarenta sabiendo que él hizo lo que otros siempre quisieron hacer pero nunca tuvieron las agallas para hacerlo. Cuarenta se convirtió en nuestro mayor héroe cuando nos devolvió la tranquilidad edénica, cuando se encargó de proteger nuestras propiedades". En este punto paré.

Wednesday, January 27, 2010

Volví con Olga

Este diciembre fue un poquito extraño, cada vez que salí de noche sentí que era como un reencuentro del colegio, aunque no siempre fue con gente del colegio si me encontré con gente que no veía hace diez o más, gente que vive en otros países o que no va a ninguno de los lugares a los que voy yo, en fin, fue extraño y bacano a la vez. Entre esas personas estuvo Olga.

A Olga la conocí cuando estaba en séptimo grado, un día que no nos dejaron entrar al colegio, yo iba devolviéndome y ella iba llegando, me dijo, hey ¿qué pasó? Y yo dije, se dañó una tubería y no nos dejan entrar, te querés ir para mi casa, dijo que sí. Desde entonces hasta que tuve 25 años fuimos inseparables.

Yo tiendo a ser un poco egocéntrica, ahora un poco menos (bah, tengo un blog para hablar de mi). Y Olga era mi sideshow, siempre estaba a mi lado, como un superyó. Olga todo lo sabía, era parte de mi familia, al punto de decirle mami a mi mamá, mi hermano le hacía cagadas como a mí, y se burlaba de ella como se burlaba de mí: era como una hermana. Y no mi amante, como pensaba su familia.

Cuando se murió mi papá, Olga estaba en mi casa, estaba durmiendo conmigo porque al otro día teníamos que presentar el ICFES (el examen que uno presenta para salir del colegio y sin el cual no puede entrar a la Universidad), nosotros salimos para la clínica y Olga se quedó sola. Hasta este momento no había pensado en lo maluco que habría sido para ella todo ese asunto, nunca se quejó ni dijo nada, y sacó un puntaje altísimo. Siempre estaba, me acompañó en las más buenas y en las más malucas.

Tengo un amigo que siempre me dice que soy la mujer más inteligente que conoce (siempre le digo que tiene que conocer más gente), la mujer más inteligente que conozco es ella. Es brillante. Siempre dice cosas charras en el momento justo (signo inequívoco de inteligencia), en lo que hace es la mejor, escribe bien y además, es parchadísima. Es la mejor.

No voy a contar por qué no fuimos más amigas, un día, ya no pudimos más, hace ocho años y nunca más volvimos a hablarnos.

La primera vez que nos vimos, fuimos con mi mamá a la inauguración de una joyería de unas compañeras de nosotros, pensé que sería incomodísimo, pero no. Fue tranquilo, además estaba mi mamá. A la semana siguiente decidimos salir a tardear con otra compañera del colegio y terminamos las dos solas bebiendo y hablando hasta la 5 am.

La segunda vez, nos encontramos en ese infame chat de facebook y me dijo, qué desparche, qué tenés que hacer ahora. Tengo que ir a mercar, ¿me acompañás? De una. Nos encontramos a las tres de la tarde, en el mercado compramos dos botella de wine cooler que era lo que tomábamos en el colegio y nos sentamos a ver videos de Les Luthiers y a cagarnos de risa, que era lo que hacíamos cuando estábamos en el colegio. Salimos y nos quedamos juntas hasta las tres am. Al otro día, yo no sabía qué hacer, si llamarla o qué. Como raro, no nos vemos en ocho años y de pronto la estoy llamando al otro día de pillarnos. Bah, no llamé, pero nos encontramos, otra vez, en facebook, y le dije lo que había estado pensando y me dijo, parce, sentí lo mismo, pero me dio pena llamar. AAAAAAHHHHH!!! Lo mismo de cuando éramos chiquitas. La semana hablamos todos los días y nos vimos 3 veces.

Como me encontré con tanta gente, pues me tocó empezar a buscar las cosas que uno tiene en común con la gente, casi siempre sobre otras personas: ve, ¿volviste a ver a no-sé-quién? O ¿te acordás de esa fiesta o concierto o lo que sea? Con Olga no tuve que hacer eso, es como si no hubiéramos dejado de vernos nunca. Las miradas que uno tiene con las amigas, que no necesita decirse nada seguían ahí, los gestos. Me pone muy contenta que haya vuelto a mi vida. Estoy tan cursi últimamente, pero, pfff, qué carajos!!