Thursday, June 18, 2009

inmunidad espiritual

Como ya he contado aquí, no fui criada dentro de ninguna religión, mis papás no nos bautizaron y cuando más grande preguntamos el por qué (todos mis compañeros iban a hacer la primera comunión) mi papá nos dijo que era mejor que cada uno escogiera su camino espiritual cuando tuviera edad para decidirlo por sí mismo.

Me quedé esperando que el camino espiritual (lease: religión) llegara a mí. Nunca llegó o yo nunca llegué. Estudié historia y cuando uno se pilla por qué las civilización escogieron tal o cual religión o por qué las personas tienen la necesidad, a veces básica, primaria, de creer en algo superior a ellos, simplemente ponerse a buscar una religión esta fuera de los límites. La gente muchas veces no entiende que sea así, no conozco otra manera, y cuando me preguntan: ¿y, entonces, ud. en qué cree? pues en mi y en los que quiero, qué otra cosa puede uno contestar, es lo que tengo a mano. Y en unmundo tan cagado como en el que vivimos, no me van a decir que alguien arriba (o abajo) viene haciendo estas cosas.
Una amiga mía, criada más o menos como yo, después de su divorcio y la muerte de su papá, empezó un camino que a todos nos pareció extraño: se volvió hare krishna, se fue a perseguir un profeta (?) hasta chile y cuando volvió se fue a vivir a una de esas comunidades en otra ciudad (menos mal nunca la vi vestida con esa sábana mandarina que se ponen, ni tocando esos miniplatillos que tienen). La mama casi se enloquece y decía, mirá esta, adorando un niño gordo, menos mal que T (el papá) se murió. Se volvió vegetariana y si estaba en la ciudad y la invitábamos a algo era horrible porque la comida vegetariana es maluca (bueno, a mi no me gusta y profeso eso de "más largo [o aburrido, insípido] que una semana sin carne" o, en mi caso, una fiesta)
Siempre me pregunté por qué no (se) me ocurrían esas cosas. He pasado un año dificil, sin trabajo, frustrada, en ocasiones, derrotada, aburridonga, ya volví con Novio, pero cuando "terminanos" fue horrible y ¿no se me ocurre volverme religiosa, creer en alguna mierda? A veces quisiera que me iluminaran (o como se llame ese momento), poderse uno pegar de algo, alguito que no sea la vida misma, poder echarle la culpa a alguien (¿algo?) o agradecerle a alguien más que a mi mamá porque en la mesa hay comida, poder pedirle a alguien que la puta vida sea más fácil y menos dolorosa.
Pero no me pasa, soy inmune a lo "espiritual". Ni siquiera me llamo a mí misma atea o agnóstica, nunca decidí serlo. Es algo que, al parecer, mi cerebro y mi corazón no necesitan.

Monday, June 1, 2009

historias de familia

Pasada ya la euforia de la entrada anterior (muchos comentarios, gracias!!), voy a escribir algo diferente: historias de mi familia. 
Mi mamá iba de camino a ser monja, pero su mamá se murió y le tocó volver a la casa a encargarse de los hermanitos, que eran 10. Encargarse de una familia cuando tenés 18 años debió ser complicadísimo, mi mamá se las arregló para estudiar piano en el conservatorio y ser ama de casa y casi mamá de un montón de gente. Mi mamá le ha dedicado la vida entera a su piano, es lo que más quiere y lo que más disfruta, es una zanahoria, no bebe (se toma una copita de vino y siente que una mano le
 coge el cerebro, sólo una vez se emborrachó con champaña porque estaba mal con mi papá), no fuma (nunca lo ha hecho), hace ejercicio todos los días y come sano. Es diciplinada como un general alemán, tanto que de adolescente le decíamos Hildegard (que es un nombre alemán pero también el nombre de una monja del siglo XII, Hildegard de Bingen, pero no me voy a extender en eso), esto creo que lo escribí antes, y lo he contado millones de veces pero ahí va: Nuestra infancia estuvo llena de rutinas, 5 am montar en bici, llegar bañarnos, desayuno (siempre pancakes), clase de piano cada uno (yo estuve en clase de violín, Santiago no), caminando al paradero del bus las capitales del mundo y las tablas de multiplicar y esperando el bus la lectura de un libro. Por la noche siempre hacer tareas con ella. Estuvimos en todas las clases posibles, patinaje artístico, teatro, cerámica, inglés, ballet, gimnasia olímpica, karate.
 Cuando mi mamá empezó en la universidad nos contrató una chica que venía y nos ponía a pintar. Mejor mamá no pudo ser. 
Mi papá era un muchacho comunista, que el Partido había mandado a Bulgaria a estudiar, cinco años menor y se enloqueció con ella, mi mamá no quería y que no y este man insistente la convenció. Los del partido se burlaban de él diciéndole que se había conseguido una pianista burguesa, nada más alejado de la realidad, mi mama parecía burguesa pero no lo era y como es miope no veía nada, además es muy muy distraída y por eso no saludaba (a veces me la encuentro en la calle y no me ve, me toca pararme enfrente). 
Mi papá como buen comunista e intelectual era un borracho, pero un borracho maluco, se ponía violento y vivir con él era difícil. Mi mamá intentó que se metieran a terapia de pareja pero mi papa se emborrachaba con el siquiatra y así no prospera nada. También era muy atractivo y las viejas se le tiraban y mi papá no era de los que dicen que no. Que esto no suene a que mi papá no era buen tipo, era un buen tipo, inteligente y chistosísimo, pero era un muy mal marido para mi mamá. A mi me parece que era incompatibilidad de caracteres. Se separaron cuando mi hermanito y yo éramos muy chiquitos, como 4 y 5 años, pero no nos dimos cuenta, fui un divorcio smooth, nunca hubo peleas, ni shows, nunca nos sentimos culpables (muchos niños dicen eso). Y veíamos a mi papá con mucha frecuencia. 
Vivíamos en Bogotá y un día mi mamá dijo, bueno nos vamos pa Medellín, cogió su piano, sus dos niños y nos vinimos a Medellín. Fue la única vez que vi llorar a mi papá, cuando fue a despedirnos. 
Mientras mi papá vivió allá y nosotros acá, tuvimos una relación epistolar fantástica (guardamos muchas), le escribíamos cartas (sugerencia de mi mamá: compró esquelas de hello kitty, betsy clark) todas las semanas y el nos respondía unas cartas eternas larguísimas de leer, cuando teníamos tareas del colegio (sobre todo sociales, filosofía, etc) le pedíamos que nos escribiera y esas cartas eran aún más largas y manuscritas lo que hacía aún más difícil leerlas, pero eran de mi papá (que es, era y va a seguir siendo lo más grande de este mundo), lo llamábamos y en vacaciones nos íbamos a su casa. 
Las primeras vacaciones que fuimos ya vivía con Sonia, en una entrada anterior comenté este pedacito de la historia: el plan de tirarla por la ventana. Sonia fue muy querida con nosotros, muchísimo, siempre había regalos, la comida que queríamos, un cuarto con nuestras cosas, cobijas de plumas y hasta una piel de vicuña en la que nos encantaba acostarnos (todo esto fue idea de ella). Nunca, ni a mi mamá, ni a nosotros, se nos ocurrió que ella iba a reemplazar a mi mamá (no creo que los papás puedan ser reemplazados, los amores son completamente diferentes). Y no creo que esa fuera su intención. Ella amaba con locura a mi papá (lo mantuvo durante su decadencia, que fueron muchos años) y por extensión a nosotros. 
Mi relación con ella cuando llegué a la adolescencia no fue fácil, empecé a competir con ella por el amor de mi papá y mi papá que era inteligente y todo nunca supo qué hacer y ella tampoco. Fue incómoda y cuando se vinieron a vivir a Medellin, porque la salud de mi papá no aguantaba la altura de Bogotá, se llevaron a mi hermanito a vivir con ellos. La salud de mi papá no mejoraba y lo mejor que podían hacer era un transplante de corazón. Sonia dice que la línea de la vida, en la mano, se le alargó, ¿quien sabe? sólo duró seis meses más porque mi papá necesitaba no sólo cambio de motor sino de tuberías y de todo, el cuerpo no le aguantó y le dio un infarto cerebral el día antes de que yo presentara el ICFES a las 12 de la noche (pero fui y lo presenté y le hablé y le dije que me ayudara porque no podía ni pensar y salí rapidísimo de todas las pruebas y no me fue tan mal: 322). 
Después de que mi papá se muriera Sonia siguió en nuestras vidas y como el muerto al hoyo, pues nuestra relación cada vez fue mucho mejor. Yo tuve un problemilla médico y Sonia puso la mitad de la plata con mi mamá, me invitó a un paseo a Cuba y en vacaciones o cuando había rock al parque yo iba y me quedaba en su casa. Con Santiago, mi hermanito, ha sido mas o menos igual. 
Mi mamá todo lo ha hecho bien, pa' que, a pesar de lo borracho y mal marido que pudiera ser mi papá, que nunca puso un peso para nada (vacaciones, tal vez), mi mamá nunca, jamás, habló mal de él, por lo menos, no delante de nosotros. Y mucho menos de Sonia que no era perita en dulce tampoco. Ahora veo a amigas mías diciéndole a sus hijos que el papá es un malparido. Hombre, dejate que, si es verdad, lo descubren ellos solos. Le agradezco eso a mi mamá, poner a los papas al nivel de humanos (porque en principio son dioses) es un trabajo que uno tiene que hacer solo, sin la ayuda de nadie. Descubrir lo hijueputas, o cretinos, o bobos, o lo que sea, es algo que uno tiene que hacer, pero no tiene por qué descubrirlo por palabras de otros. 
A mí me habría encantado vivir en la misma ciudad de mi papá, poder jugar con él, que nos leyera todas las noches como lo hacía cuando íbamos de vacaciones, burlarnos de lo torpe que era con la tecnología (si mi papá estaba cerca, ningún cajero electrónico funcionaba), inventarnos recetas para el desayuno y que nos hiciera sanduches negritos y blanquitos con la sanduchera más bacana: redonda, entrar a su estudio a robarnos monedas y a descubrir todos los tesoros que había allá, libros en todas partes, montoncitos en varias partes del cuarto, albumes de numismática (había una monedita en especial que me fascinaba, de 1/4 de centavo de 1876 de Colombia, era, es, porque la tengo, chiquitica y delgadita) y filatelia (tenía estampillas de todas partes, unas de países árabes que no sabían en qué gastarse la plata que eran hermosas), las persianas siempre cerradas, el olor a cigarrillo con cera de pisos (del que ya hablé antes también, se me están acabando los temas). 
Mi mamá se queja mucho de lo parecidos que somos a mi papá, yo le digo que si ese fue el hombre que escogió pues se fregó: a los genes no los para nada ni nadie. En todo caso, mi mamá pudo prohibirle a mi papá vernos y en el intento hacer creer que le hacía daño a él, cuando en realidad los perjudicados habríamos sido nosotros. Ahora con todo en perspectiva, creo que las cosas salieron bien como estuvieron (bueno, menos que mi papá ya no esté)