Sunday, August 8, 2010

Yo llevo la obligación

Ahora me vi un corto en el que hay una conversación entre dos tipos sobre un tema del que he oído hablar con frecuencia a los hombres: ¿quién folla mejor, las feas o las bonitas? (el corto es españolete). Las feas, dice uno de los personajes, porque creen es siempre la última vez y se esfuerzan por hacer las cosas bien. Este argumento lo he oído hasta el cansancio, hasta yo lo he dicho en chiste refiriéndome a mí misma. Pero ¿por qué nunca hablamos de esto las mujeres? ¿Quién picha mejor, los feos o los bonitos?

En mi experiencia (iba a poner vasta, pero en este escabroso tema sonaría como si fuera una madame), debo decir, sin temor a equivocarme, que los feos. Los bonitos se las dan de mucho, seguro habrán pichado con más mujeres y creen que se las saben todas. WRONG!!! No se saben tantas, son muy poco generosos con el placer que deberían darle a la otra persona o pensarán que por ser bonitos uno se viene con sólo mirarlos. No niego que existe el placer estético: mirar a alguien que tiene un cuerpo armónico, un aparato de buenas dimensiones, unos ojos bonitos o lo que sea.

El sexo, con amor o no, es para disfrutar y hacer disfrutar al otro, a veces he querido decirle al man, oiste, si no te interesa si a mí me va bien o mal, porque más bien no te hacés una paja, con la izquierda, puede ser, para que creás que es otra persona. Si no te interesa sino meterlo y te olvidás de que mi cuerpo consiste en otras cosas, no sólo mi cuca (y que, además, mi cuca tiene cositas por fuera también), conseguite una sandía o una papaya o un burro. Ser buen amante, aunque depende mucho de quién, cómo y dónde, es una obligación, si no estás dispuesto a hacer las cosas bien, no lo hagás. Si decidiste irte conmigo esta noche o por una temporada tené en cuenta que yo quiero hacer las cosas bien, ¿vos también?

Yo sí miro hombres bonitos en la calle, pero la belleza ha sido muy pocas veces el criterio para acostarme o querer a alguien. Cuando lo ha sido, se me ha salido el tiro por la culata, porque pasa lo que pasa con algunas mujeres bonitas, o son bobos, o tienen un sentido del humor estúpido o salen malos polvos. Y para algunos que sean bobos o tengan mal sentido del humor es una bobada, si uno va a es pichar para qué carajos quiere que sea charro o buen conversador, y no, yo sí quiero conversar, antes y después.

Thursday, August 5, 2010

Coincidencia

El martes fue un día horrible, aburrido y con muchísimas cosas para hacer: duró tres días. Por la noche me fui a la casa de Olguet para que me consolara por mi día y saliéramos a tomarnos una cervecita. Olguet se fue a vivir sola hace poco y consiguió un apartamentico en el centro de Medellín, a una cuadra del Parque del Periodista. Fuimos a comer y le dije que nos tomáramos una cerveza en El Guanábano, un lugar que no me gusta pero no tenía ganas de probar cosas nuevas.

Mientras nos tomábamos la primera cerveza, vi un man parado en el parque tomándose una cerveza con una chica, y le dije a Olguet, ve, yo creo que ese es Juan David Vélez. Pero sólo lo había visto en fotos y es difícil saber qué tan alto es alguien o qué tan gordi. Espere a ver si fumaba porque sé que fuma. Y fumó. Entró pasó por nuestro lado para ir al baño, pero no supe si sí era. Le dije a Olga, vení, parémonosle al lado y decimos, ay, JUAN DAVID VELEZ me llamó, obvio sosteniendo el celular en la mano. Si al oír ese nombre se volteaba, ese man era. Planeando esto, los miré de nuevo y la mujer que lo acompañaba me señaló y descubrí que era Ángela Cuartas, a quien también conocía de fotos. Ellos habían hecho una cita para conocerse y de casualidad yo salí ese día y además fui a un lugar que no me gusta.

Nos reconocimos y nos dimos picos de saludo y empezamos a conversar. Juandaví, contrario a lo que me imaginaba, es más alto y flaco, habla pasito y es algo tímido. No nos dejaba pagar nada, un poquito incómodo, pero el parecía que lo hacía con gusto. En una de sus idas a la barra por cervezas, le contamos a Ángela que los tipos en Medellín no son tan queridos, aquí todo es miti-miti. En Cali y en Bogotá como que siempre les toca invitar. Juandaví es aun más chistoso en persona que en la vida real, cuenta historias charras y hace conexiones raras entre las cosas. Ángela, contrario a lo que yo pensaba, es callada y algo tímida también, pero se ríe muchísimo. Cuando habla casi siempre hace preguntas. Yo, contrario a lo que ellos pensaban, creo, hablo por mil, no paro de hablar, de criticar, de hacer chistes y de reírme durísimo. Qué pena ahora que lo pienso, debieron llegar a sus casas pensando, ay, qué bueno un poquito de silencio. La próxima, si hay próxima, prometo dejarlos hablar un poquito y no gozármelos.

Estábamos sentados en la mesa y vino un señor a pedir para "chorro", le dijimos que no y cuando se fue, yo dije que el señor sí conocía su audiencia, si hubiera pedido para dormida o para sus hijos, seguro en ese lugar no le dan nada, pero como suena honrado y sensato, pues la gente que está bebiendo le da para eso. Al rato llegó otro con el cuento de que necesitaba plata para una botellita de "chirrinchi", adujimos que ya había venido uno con ese cuento y que no teníamos. Juandaví le dijo que sus estrategias de mercadeo ya están muy manidas, y que debería buscarse otro argumento. El señor empezó a emputarse un poquito, pero decidí darle unas moneditas que tenía, cuando vio que ya tenía empezó a hacer adivinanzas para que le diéramos más.

Pasó una cosa maluca y es que al señor que vende cigarrillos en el parque un muchacho le robó un cojín, yo los vi forcejar y vi que el señor se devolvió para su carrito y sacó un flamante machete y lo blandió contra su oponente. La pelea acabó cuando el muchacho bajó un brazo y salió un chorro de sangre impresionante. El viejito volvió a su carrito como si nada y algunas personas le ayudaron al muchacho a hacerle un torniquete.

De los cuatro que estábamos, tres estamos en twitter. Yo hace algún tiempo me habían presentado a una mujer amiga, yo estaba bastante alicorada y supongo que ella estaba en las mismas mías y supuse que ella no me recordaría. Cuando nos encontramos en twitter supo de inmediato quién era yo, y recordaba quiénes eran mis acompañantes. Yo nunca la había visto desde esa vez que nos presentaron, pero nos reconocimos y se unió a nuestra fiestecita. Finalmente resultó una fiesta blogger/twitter.

Olguet y yo debíamos madrugar y nos retiramos casi a la 1:30. Llegué a dormir con sonrisita. Qué maravillosa coincidencia y qué buena compañía fueron todos.

Monday, August 2, 2010

Un paseíto

Sonsón es un municipio de Antioquia, al oriente. El más grande del departamento. Tiene todos los pisos térmicos, pero la cabecera municipal queda muy arriba, casi 2500 metros sobre el nivel del mar, y hace mucho frío. Del pueblo se ve el páramo. El paisaje es impresionante, los verdes, parece una colcha de retazos. La arquitectura es la de la colonización antioqueña, casas con zaguán, de puertas grandes, balconcitos chiquitos.

J trabaja en regionalización de la Universidad de Antioquia y me invitó a que lo acompañara. A él le gusta muchísimo el pueblo y quería que yo lo conociera también. A mí me gustan mucho los pueblos, me gusta que el ritmo de vida sea más lento, no hay afán, la gente se conoce y uno puede saludar a todo aquel que se encuentra. Hace años vengo pensando lo rico que sería irse a trabajar a un pueblo, aunque sea por un tiempo.

Nos fuimos el sábado por la tarde en un taxi que nos recogió a cada uno en su casa. Cuando llegamos a Sonsón ya era de noche y hacía mucho frío, fuimos a comer a un lugar que se llama La Victoriana o Victoriana, un lugarcito muy bonito y muy bien atendido. Caminamos un poquito, pasamos por la calle de las putas donde hay unas cantinas que parecen un corredorcito, todos muy iluminados con luz blanca de oficina. Después pasamos por una calle que olía a chunchurria, pasamos por la catedral que tiene un mural horroroso y nos fuimos para el hotel, que se llama el Tahamí (que son los indígenas que vivían en esa región). Es, me pareció, el hotel elegante del pueblo. Es una casa grande, donada por la Sociedad de Mejoras Públicas que en ese pueblo parece que han donado todo.

Al otro día nos levantamos para ir a la universidad. Estaba lloviendo a cántaros, llegamos media hora tarde y los alumnos no habían llegado, de hecho llegaron muy pocos. Luego caminamos hasta un lugar que se llama Río Arriba y almorzamos tamales y chorizo. El tamal estaba delicioso, amo los tamales. Llamamos a un señor para que nos recogiera y nos llevara al pueblo, J tenía que asesorar estudiantes y yo salí a visitar los dos museos que me había dicho el señor del hotel, ambos cerrados, así que me devolví al hotel a dormir una siesta que se alargó hasta las 9:00. Salimos a comer y fuimos al bar de un señor que se llama Henry. De ese bar, me habían contado. Henry le da gusto a todo el mundo con la música, entonces, puede sonar una cumbia, luego rock, luego una de Leo Dan y así. Nadie se va, todos se divierten. Como fuimos un domingo por la noche, estaba muy solo. En realidad, sólo estaba el dueño, Henry, y un señor chiquito, de gorra y bigote tomando paraítos en la barra. El señor es un obrero que está haciéndole unas reparaciones a la catedral. Nos sentamos en la barra a conversar los cuatro. En algún momento empezamos a hablar de los mitos de Sonsón, Henry mencionó la Patasola, pero ese mito no es exclusivo de Sonsón y el señor del bigote dijo que sí había un mito: La machaca. La machaca es un animalito parecido a una mantis pero con una cabeza parecida a la de un cocodrilo, si la machaca lo muerde a uno, uno tiene 24 horas para encontrar alguien con quien hacer el amor (sic) o se muere. Nos pasamos, diría yo, media hora hablando sobre cómo funcionaría eso. Al rato llegó un señor borracho con cara de médico, pero no, era regente. Pidió una opereta o una zarzuela, pero Henry no puedo encontrar ninguna de las dos, entonces le ofreció pasodobles, el señor dijo que estaba bien así, apenas empezó a sonar el pasodoble me sacó a bailar, y quería que yo hiciera de toro y que él me clavara las banderillas. Después de bailar dos o tres pasodobles, me senté en la barra nuevamente a conversar y ha sonado un pedo, J y Henry me miraron como si hubiera sido yo, pero no, yo acepto la autoría de mis pedos, señalé al regente, cuando lo señalé sonó otro y dijo, ay, perdón, se me cayó.

Como me gustan los cementerios, el lunes fuimos a ver el cementerio, la entrada es muy bonita, lástima que no llevé cámara. Tiene prado a los lados y dientes de león. Al medio día nos recogió un taxi para traernos a Medellín con dos monjas, una de las monjas, la que iba a mi lado, puso su chaqueta del lado de la puerta, de tal manera que quedaba a diez centímetros de la puerta quitándome espacio vital a mí, parece que a esta vieja cretina no le llegó el memo que dice que las puertas de los carros ya no se abren.

Yo quiero volver a Sonsón y poder ir a los museos y caminar más por el pueblo y ver letreros charros, vi uno que decía "baratongo tanga, combatiendo la vida cara, así no ganemos nada". Eso sí la próxima vez llevo guantes y unas medias más gruesas.

La imagen es del páramo.